I
En algún momento de la vida podríamos estar pensando que la religión y la política son temas totalmente opuestos, debido a que la generalidad de las personas contempla la idea que una tiene que ver con la espiritualidad y el alma del ser humano de forma holística y la otra, solo trata de los asuntos totalmente terrenales, relacionando directamente al ejercicio de nuestros representantes políticos, la ambición material y el desinterés por un servicio social. Sin embargo, esto no es así, ambas coinciden en un punto, la estructura de la institución tanto eclesiástica como política depende del funcionamiento de una burocracia que implica jerarquías, así como también al interior de cada una, hay corrientes ideológicas que están en pugna por alcanzar ya sea el poder divino o el poder material, respectivamente.
II
Un ejemplo de la historia reciente lo es el Papa Juan Pablo II luego de 26 años de pontificado, muchos lo califican como un hombre que cambio el rumbo de la historia política-social del mundo a partir de su investidura clerical y como Jefe de Estado, al respecto consideramos que fue un hombre que formó parte de ese devenir histórico, trabajó arduamente en contra de los teólogos rebeldes y dio cobijo a movimientos más tradicionalistas y místicos como el Opus Dei. Mientras fincaba relaciones diplomáticas con otros jefes de Estado de Europa y Estados Unidos, llevó una ofensiva contra la Teología de la Liberación que se basa en algunos principios marxistas, ésta estaba muy extendida en Latinoamérica que, abogaba por el sufrimiento de los pobres y simpatizaba con los movimientos guerrilleros y sociales que se generaron a mediados de los años sesenta.
III
Es incuestionable que Juan Pablo II representaba tres tipos de autoridad, la legal como Jefe de Estado que trae detrás toda una burocracia eclesial; la carismática que, en la obra de Max Weber el sentido del carisma depende más del grupo de seguidores que de las cualidades que pudiera tener un hombre, es decir, aquí los miles de fieles se guían por la fe y por el hecho de creer que el Papa es el Vicario de Cristo en la tierra, siendo así que su carisma se basa en la personalización de la divinidad, y por último, encarnó una autoridad tradicional que consiste en la pretensión de la misma persona por refrendar esta autoridad por diversos medios, en este caso el Papa se vio favorecido con la creencia por parte de los feligreses de que existen virtudes en la santidad de las normas, esto fue muy claro al utilizar los medios de comunicación y realizar los viajes para ratificar al catolicismo en otros países, estar en contacto con los fieles confirmando su fe y al tanto de lo que ocurría en las diócesis o arquidiócesis de cada nación a la que visitaba.
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